A lo largo de nuestra vida conocemos a una cantidad ingente
de personas, muchas de ellas pasan a ser amigos/as tuyos durante un determinado
periodo de tiempo o pasan formar parte de esa base fundamental de amigos que
necesitas en la vida. A todas esas personas las puedes conocer en diferentes
lugares ya sea en el colegio, instituto, universidad, trabajo, prácticas,
Twitter, Facebook, blogs de música o de Fórmula Uno..pero sólo muy pocas de
esas personas merecen en realidad tu atención y amistad.
El pequeño inconveniente de conocer gente nueva es que, nunca sabes si esa persona es sincera contigo o no, nunca sabes si estará ahí en realidad (tal y como dice) en los momentos que más la necesites, nunca sabes si está contigo por como eres o por interés...en definitiva, nunca sabes si esa persona en realidad es quien dice ser. Es uno de los distintos riesgos que corremos a lo largo de nuestra vida y que nos enseña a distinguir entre los amigos de verdad (aquellos que desde el primer momento están contigo sin importarles lo lejos o cerca que estén de ti), los amigos pasajeros (aquellos que sólo están en momentos buenos/malos determinados de tu vida y luego desaparecen sin dejar rastro), los malos amigos (esos que no están cuando más los necesitas), los amigos hipócritas y falsos (aquellos que, tiempo atrás te defendían a capa y espada, forman parte de tus planes futuros y estaban ahí, pero que al final cambian de parecer y se dedican a ir en tu contra porque les conviene) y los amigos fantasmas (esos que no están nunca y que además te llevan por el mal camino).
A medida que vas creciendo y te vas llevando puñaladas traperas, golpes contra los muros y desgarros en el corazón, vas aprendiendo a elegir a las verdaderas amistades, el problema es que, a medida que te apuñalan, vas perdiendo esa idea que no todo el mundo es malo y se merece ese voto de confianza, que una persona te la haya jugado una vez no implica que otra lo vaya a hacer, esta idea cambia y acabas desconfiando de todo el mundo, es más, muchas veces no le das la oportunidad a personas nuevas en tu vida por el simple miedo a acabar herido/a nuevamente. Porque para qué engañarnos, duele mucho, muchísimo más que tu amigo/a, ese que decía ser tu mejor amigo/a, que hacía planes futuros contigo, que decía "estaré siempre aquí en las buenas y en las malas conmigo", te acabe traicionando a que lo haga cualquier otra persona en tu vida. Se supone que los/as amigos/as están para quedarse en tu vida, para ayudarte a enriquecerla con sus consejos, historias, conocimientos y momentos de vida, se supone que son uno de los 3 pilares fundamentales de nuestra vida, por eso duele mucho cuando ese pilar se desmorona. El alma duele, se resquebraja, sientes un vacío enorme, un hueco que nadie conseguirá llenar y que siempre estará ahí porque, al final los recuerdos son lo único que permanecen y son lo que más duele.
A partir de ese momento nos duele su dolor, nos fastidia el no poder ayudarla
cuando está triste, nos alegra su alegría, nos reímos de cosas simples de la vida, compartimos fotos, momentos, recuerdos, anécdotas pasadas y vamos creando las nuevas a través de una pantalla de ordenador o de móvil. A partir de ese momento decimos claramente, sin miedo y con firmeza "eres mi amigo/a, cuenta conmigo para lo que sea". Después de ese paso, pequeño pero a la vez tan importante, aparece un nuevo temor que nunca desaparecerá, el temor a que la relación empiece a enfriarse, que las conversaciones de horas empiecen a menguar y que poco a poco esa relación de amistad caiga en el olvido. Perder un amigo/a así también duele aunque no te haya clavado el puñal, te duele ver que el tiempo pasa, esa persona cambia y se olvida de ti.
Otro temor que tienes se produce el día que por fin vas a poder conocer a ese/a amigo/a con el que has compartido tantos secretos, tantas risas y momentos tras las letras; te produce temor el hecho de no saber cómo reaccionará cuando te vea, si será igual que cuando hablas por el pc o móvil con tu amigo/a, si alguno de los dos sentirá vergüenza y no hablará como siempre, si la relación cambiará desde ese momento....siempre hay temor en todas las relaciones y en la amistad ese temor es aún mayor. Después de
pasar el primer "Hola!por fin nos conocemos", te sientes algo más libre y ligero, empiezas a bromear y a intentar evitar silencios incómodos (si se producen por el pc o móvil da igual, en cualquier momento acabas empezando un nuevo tema) para que la otra persona vea que eres la misma persona con la que hablaba por esa pantalla; en ese punto te das cuenta si la amistad durará mucho más de lo que pensabas o no. Ahí ya puedes decir claramente "somos amigos/as" sin miedo alguno.
En mi vida he conocido a muchas personas, personas que me han aportado algo, personas que se han quedado en mi vida y la han enriquecido, personas que han pasado sin pena ni gloria, personas que han estado una larga temporada y paulatinamente han ido desapareciendo, personas que han merecido la pena conocer, personas que ni siquiera lo merecían, pero que aún así han hecho que aprenda a diferenciar entre amigos/as y "amigos/as". Debo decir que a pesar de todo éso, he dado con gente que merece la pena y que hoy en día forman parte de mi vida, he podido conocer en persona a algunas de ellas y ha sido genial, todo ha seguido como antes o incluso mejor y hay muchas otras que aún deseo conocer porque sé que son personas, amigos/as más que personas, que merecen mi amistad y que estarán ahí (que están ahí).
Deberíamos tener muy en cuenta el efecto que podemos producir en la vida de alguien sin saberlo y recordar que la amistad es cosa de dos personas, es una vía de doble sentido, llega un momento en el que una de las dos personas se cansa de esperar ese mensaje diciendo "¿cómo estás?siento haber estado tanto tiempo fuera de cobertura pero eh!ya estoy de vuelta!", llega un momento en que una de las dos deja de luchar por esa amistad y acepta que empiece la decadencia de la misma, llega un momento en que nada es lo mismo.
Por todos/as esos/as amigos/as que están, que estuvieron, que desaparecieron, que dejaron huella, que apuñalaron...gracias.
Y como bien dice el refranero popular...quien tiene un amigo/a, tiene un tesoro.
cuando está triste, nos alegra su alegría, nos reímos de cosas simples de la vida, compartimos fotos, momentos, recuerdos, anécdotas pasadas y vamos creando las nuevas a través de una pantalla de ordenador o de móvil. A partir de ese momento decimos claramente, sin miedo y con firmeza "eres mi amigo/a, cuenta conmigo para lo que sea". Después de ese paso, pequeño pero a la vez tan importante, aparece un nuevo temor que nunca desaparecerá, el temor a que la relación empiece a enfriarse, que las conversaciones de horas empiecen a menguar y que poco a poco esa relación de amistad caiga en el olvido. Perder un amigo/a así también duele aunque no te haya clavado el puñal, te duele ver que el tiempo pasa, esa persona cambia y se olvida de ti.
Otro temor que tienes se produce el día que por fin vas a poder conocer a ese/a amigo/a con el que has compartido tantos secretos, tantas risas y momentos tras las letras; te produce temor el hecho de no saber cómo reaccionará cuando te vea, si será igual que cuando hablas por el pc o móvil con tu amigo/a, si alguno de los dos sentirá vergüenza y no hablará como siempre, si la relación cambiará desde ese momento....siempre hay temor en todas las relaciones y en la amistad ese temor es aún mayor. Después de
pasar el primer "Hola!por fin nos conocemos", te sientes algo más libre y ligero, empiezas a bromear y a intentar evitar silencios incómodos (si se producen por el pc o móvil da igual, en cualquier momento acabas empezando un nuevo tema) para que la otra persona vea que eres la misma persona con la que hablaba por esa pantalla; en ese punto te das cuenta si la amistad durará mucho más de lo que pensabas o no. Ahí ya puedes decir claramente "somos amigos/as" sin miedo alguno.
En mi vida he conocido a muchas personas, personas que me han aportado algo, personas que se han quedado en mi vida y la han enriquecido, personas que han pasado sin pena ni gloria, personas que han estado una larga temporada y paulatinamente han ido desapareciendo, personas que han merecido la pena conocer, personas que ni siquiera lo merecían, pero que aún así han hecho que aprenda a diferenciar entre amigos/as y "amigos/as". Debo decir que a pesar de todo éso, he dado con gente que merece la pena y que hoy en día forman parte de mi vida, he podido conocer en persona a algunas de ellas y ha sido genial, todo ha seguido como antes o incluso mejor y hay muchas otras que aún deseo conocer porque sé que son personas, amigos/as más que personas, que merecen mi amistad y que estarán ahí (que están ahí).
Deberíamos tener muy en cuenta el efecto que podemos producir en la vida de alguien sin saberlo y recordar que la amistad es cosa de dos personas, es una vía de doble sentido, llega un momento en el que una de las dos personas se cansa de esperar ese mensaje diciendo "¿cómo estás?siento haber estado tanto tiempo fuera de cobertura pero eh!ya estoy de vuelta!", llega un momento en que una de las dos deja de luchar por esa amistad y acepta que empiece la decadencia de la misma, llega un momento en que nada es lo mismo.
Por todos/as esos/as amigos/as que están, que estuvieron, que desaparecieron, que dejaron huella, que apuñalaron...gracias.
Y como bien dice el refranero popular...quien tiene un amigo/a, tiene un tesoro.



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